Felicidad compartida

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La felicidad en una relación de pareja debe ser responsabilidad de cada persona que la forma, es decir, tú no me haces feliz, ni yo a ti. Somos dos personas felices que comparten su bienestar y alegría.

Si dejamos en manos de la pareja nuestra felicidad, bienestar y amor propio, acabaremos dependiendo de ésta.

Cuando formamos un vínculo afectivo (con sexualidad incluida), es inevitable que salgan a la luz, miedos, inseguridades, bloqueos, traumas... La pareja nos hace de espejo y a la vez maestrx de nuestra oscuridad. Oscuridad que le podemos dar claridad si nos responsabilizamos de todo aquello que nos desequilibra. Dejando de proyectar hacia la relación nuestras sombras.

Ser conscientes de cómo nuestra historia pasada, la mochila que llevamos acuestas, puede influir negativamente en la relación, es un paso para sanar heridas pasadas y construir relaciones estables.

Y tú, ¿Eres consciente de tus proyecciones?

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CUANDO EL CEPILLO DE DIENTES ENTRA POR LA PUERTA, EL AMOR SALE POR LA VENTANA.

Sensación de que todo ES y SERÁ perfecto. Pensamientos de YA es el momento. Suenan campanas en el mundo idílico, solo estáis vosotros. Quizás la mascota de alguno de los dos también se apunte a la aventura.

Paquetes, cajas y maletas. Dejar atrás una historia, una etapa para comenzar otra nueva. Encaminarte hacia otra estancia y no a solas. Camino cargado con vuestras mejores ideas, sueños, energías y expectativas. Dejáis atrás viejos recuerdos haciendo hueco a los nuevos.

Motivación, ilusión y ganas son los recursos que cargáis en vuestros macutos para la nueva etapa vital.

Abandonáis el piso de solteros, de compañeros desconocidos o incluso, la casa de vuestros padres para ir a vuestro “nido de amor”. O quizás salís de otro. O ya vivíais solos.

Novatos o expertos en convivencia se mezclan en cuatro paredes llenas de pasión. Paredes que se pintan con vuestros mejores propósitos.

Pasan los días, las semanas y los meses y de repente sin saber porqué, nacen los conflictos y las discusiones. Desacuerdos y no tan acuerdos. Problemas por quién hace más o menos tareas en casa, quién es el ordenado o desordenado. Quién manda o quién es arrastrado por la pasividad de no hacer nada, y así, una larga lista que cada pareja podrá continuar con sus propias experiencias y vivencias.

¿Se fue el amor? No. Pero si se cometió un ‘error’. ¿Quién de vosotros antes de irse a vivir con su pareja plantea o expone como es en casa? ¿Cuáles son vuestras leyes o normas no escritas a la hora de vivir en casa? Fuera del romanticismo y el mundo perfecto de los enamorados hay que ser realistas y la mayoría de las parejas se lanzan a la aventura de convivir a ciegas. Sin saber como es la otra persona en su propio “habitat”.

Se ahorrarían muchos conflictos, problemas y discusiones si diéramos el primer paso, HABLAR SOBRE LA FUTURA CONVIVENCIA; Qué nos gusta y nos disgusta, cómo suele ser nuestra rutina en casa, nuestras propias leyes o normas no escritas, etc. La finalidad es poder tener una convivencia con más armonía y menos problemas.

Tampoco quiere decir que todas las parejas pasen por esto pero sí la mayoría. Unas se hacen mas fuertes porque aprenden a gestionar y complementarse como pareja. En cambio otras entran en la guerra de ‘quién puede más’ y en vez de formar equipo y crecer siguen la dinámica de competir y luchar.

 

Porque cuando el cepillo de dientes entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Y para que éste amor no se lance al vacío hay que cuidarlo, comprometerse y sobretodo, negociar y llegar a acuerdos que sean beneficiosos para ambos.